Querido hijo de María del Pilar Hurtado

https://elpais.com/internacional/2019/07/11/colombia/1562799094_170411.html

El cándido encabezado de la noticia, La mala hora del ejército de Colombia, que aparece en el prestigioso diario español, El País,

podría sonar a condescendía, si no fuera un hecho de extremada gravedad, pues el ejército de Colombia lleva viviendo “su mala hora” desde hace décadas; corrupción, desapariciones, Los Falsos Positivos, ejecuciones extrajudiciales, etc.

Supongo que muchos pensaran que toda institución, privada o pública, al ser dirigidas por humanos imperfectos son susceptibles de adquirir los vicios de sus regidores,

si bien, el ejército de un país, al igual que sus cuerpos de seguridad, tienen la obligación ética de estar por encima de toda duda cuestionable. Claro que puede haber manzanas podridas; gusanos que horadan los cimientos de la integridad; mercaderes de favores y prestamistas de la decencia, pero, si la mayoría de los que conforman estas entidades fuera gente honrada, los que no los son terminarían por desaparecer ¡Pero parece que no es así!

En Colombia ascienden a General de la República a un militar cuya honorabilidad se encuentra en entredicho;

en Alemania, el Presidente del Estado, Christian Wulff, renunció en el año 2012 por haber recibido un préstamo personal a un bajo interés por parte de la esposa de un empresario. Nada ilegal, pero si moralmente cuestionable. Juzguen ustedes mismos porqué la confianza en las instituciones de un país tienen que estar por encima de personalismos y egos.

Quiero aprovechar este espacio para condenar de forma tajante el reciente asesinato de María del Pilar Hurtado;

el dolor desgarrado de su hijo me ha paralizado el alma durante muchos siglos; la maldad y la indolencia de las hienas carroñeras que se alimentan del dolor ajeno en las redes sociales, me ha hecho vomitar asqueado y avergonzado de que aún se les pueda llamar seres humanos. Seres perversos que sufrirán una agonía y un terror indescriptible en el momento de sus míseras muertes. Y, no, señoras y señores, no habrá confesión que valga ni cura que otorgue el perdón, pues, todo lo que se da vuelve, y por triplicado.

Para terminar, me gustaría decir a todos esos que hacéis del odio y del insulto vuestra forma de vida, que no me importáis; que no podéis hacerme daño.

Tengo la suerte de tener una vida interior maravillosa y plena, que soy relativamente feliz a pesar de las tristezas que leo a diario, pero, sobre todo, que tengo el corazón lleno de amor y reconciliación, pues soy discípulo de Jesús de Nazareth; si, ese que habló de amor y perdón. Algo que muchos de los que se llaman creyentes no saben ni siquiera que significa. Feliz lunes.

Freddie Uribe

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