Los habrá espléndidos y, también, mezquinos.

La crisis del Covid-19 me ha pillado trabajando en la ciudad de Londres, lo que me ha obligado a devorar durante muchos días los periódicos españoles en tiempo real,

pues desde el minuto uno supe quería volver a casa. Fueron días de gran ansiedad; de una incertidumbre espantosa, pero sobre todo, de mucha angustia por los míos y los otros. El sábado 21 de marzo pude por fin volver a mi hogar, llevo cuatro días recluidos y aún me quedan 10 ¡Mil más, si hace falta!

Las noticias que a diario llegan de Colombia también alteran mi espíritu, pues mis padres, hermanos, sobrinos y mi extensa red de familia y amigos siguen viviendo allí.

El conjunto de todos los colombianos, sobre todo, aquellos que no disponen de abultadas cuentas bancarias con que llenar sus neveras ni un sitio adecuado donde poder hacer una segura cuarentena, arrugan mi alma. Siempre los más débiles, siempre los más frágiles.

Durante este tiempo aciago habrá quien busque la oportunidad para hacer negocios, sacar tajada: los buitres y la hienas llevan demasiado tiempo entre nosotros.

Los habrá espléndidos y también mezquinos; como casi siempre en la vida, si bien, lo positivo, esta vez, es que se les notará mucho más; y habrá sorpresas.

Colombia, al igual que toda América Latina, ignoró la revolución industrial y, en 200 años de independencia, ha sido incapaz de erradicar los totales políticos y la digresión.

La voracidad política, los sofismas y los estados oligárquicos han frenado la consolidación de democracias liberales despreciando la vertebración de ideas.

El presidente de Méjico – en contra de los consejos de sus asesores – anima a su gente a salir a comer a las fondas, mientras besa la medalla de un santo o una virgen, ignorando, supongo, lo que pasa en Italia y España;

las creencias y el folclore son también cultura política, y han alcanzado  los palacios de gobierno de Guatemala y Brasil. Todo esto, enhebrado  por una tropa de demagogos que galopa por Sudamérica a los lomos del desencanto y el analfabetismo.

Los estados de bienestar de los países europeos no han podido evitar la pandemia del Coronavirus, pero están sanitariamente preparados para socorrer a sus ciudadanos;

en Colombia, por el contrario, la fragilidad y la ausencia de tal estado, hace que charlatanes y politiquillos camuflados de salva patrias aprovechen para mangonear la democracia disfuncional del país a través de decretos encaminados a sacar tajada en río revuelto.

Por último, me gustaría compartir con todos vosotros una última reflexión:

la aglomeración de necios sin capacidad algún para administrar, y los estallidos populares nacidos del descontento, propician el nacimiento de esa “patria ingobernable” que el Libertador visionaba en una carta al general Juan José Flores. No sé por qué, se me viene inmediatamente a la cabeza la imagen del presidente de Colombia y su corte de necios; que pena que no hayan leído Ensayo sobre la ceguera del lúcido Saramago. #QuédateEnCasa

Freddie Uribe

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